A
los gobiernos hay que juzgarlos por sus políticas públicas. Éstas dependen de
condicionantes internos (ingresos) y externos (economía mundial). Para un país
como la Argentina
cuyos ingresos esencialmente dependen de las exportaciones de commodities, los
precios internacionales pasan a ser la piedra angular del sistema
presupuestario.
Durante
la denostada década de los noventa la soja no superaba los cien dólares por
tonelada. Durante la década kirchnerista, el yuyito llegó a superar los 800
dólares. Por tanto, comparar con la crisis de 2001 lo que se hizo durante estos
diez años, sin tener en cuenta el monumental nivel de ingresos, resulta un
ejercicio falaz y perverso.
Entonces,
al kirchnerismo debemos juzgarlos a partir de los ingresos recibidos en toda la
década. Y luego sí, con datos reales, determinar qué destino le dio a esos
recursos, para saber si implementó políticas progresistas o conservadoras.




